Calcetines

El olor a pintura era impasible,

Y la ciudad parecía otra carcomida por el lento mutar de hojas y el viento gélido que se les metía en las manos y en los ojos y que no permitía que se soltasen ni tan siquiera cuando atravesaban las plazas y los viejos los miraban confundidos porque se les notaba que acaban de hacer el amor desnudos -todavía se quitaban los calcetines para no parecer penosos- en una habitación molida por las humedades y sin calefacción.