A Ruth

Recuerdo todo lo que tú me dijiste,

Sentada en esa mesa,

Que éramos hermanas,

Que mirásemos sin fronteras.

Recuerdo que acariciaste

Una pena sin gracia

Y yo era niña,

Y tú galifante,

Y perseguíamos duendes

Muebles mediante

Y yo era niña,

Y tú galifante,

Y las baldosas de las paredes

Nos evaporaban suplicantes.

Y ahora

Aquí estoy,

En esta mesa,

Con tu cariño en la mano

Y tu boca en mi teta

Qué relax de amor!

Qué noche sin frontera!

Se acabó, no más pelea

Soy libre de razón

Soy bestia

Soy hechicera

Escrito en casa de Ruth, mirando a Ruth.

Amigos

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Mirando por las nubes de otro tiempo, distingo el paisaje del presente,
haciendo parábolas paracaidistas
con el mañana
siempre furtivo de chanzas inteligentes del ahora.

Pasadizo secreto que enhebra mi yo
en tu tú más henchido
golpeando salientes giratorias entre montañas angostas amanecidas
de depresiones paseadas
por toboganes interminables.

Sueño con no ser tu puta
Sueño con una dosis de alegría
Por desdibujar con colorines
Las manos que pegan
Los gritos y las coces que dimos
Sueño con olvidar para recordarte bien
Para no odiarte más
Para ser sin tener que ser tuya
Porque ya lo fui “tuya”
Y no, no quiero odiarte
(Pero ya quiero echarte culpas,
Bordarte iras,
Incendiar tu mente).

Sueño con soñar estar
presente cuando volvamos a ser amigos.

El miedo

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No sé quién soy
No tengo vida
He encontrado postes equidistantes
Desde mí hacia ella
Quiero marchar
Pero no encuentro la huida
La gran escapada de mí hacia mí

Enredaderas de fango en el camino hacia los ojos
Las manos tendidas en un laberinto de puños
Dan coces contra mi barriga
Tengo miedo del daño no correspondido
De la ducha abierta que no congela
De las miradas de los otros

Me escondo y huyo al centro de la cama
A la alcoba del pasado

Si estoy enferma, esta enfermedad trepa por mi cabeza
Se abre en el vientre y culebrea de porvenir
Son ristras supurando carne
Hechas de adioses infatigables.

Lo percibo venir hacia a mí
Con el pelo hundido en tristeza
Teñido de lodo
Tendiendo un puente a lo sucedido
Entre los dos hace ya carreteras y postes

Echo de menos la nada
La perseguible apariencia de existencia
Ese capullo que se abría enorme
Y despegaba entusiasmado desde el centro del pecho
Al extrarradio de la galaxia

Echo de menos su volátil expansión
Esas carreras de ilusión hechas esporas en mi carne
Trepando honestas por el vello erizado
Volverán, yo sé que volverán
Ya las veo mientras paseo sola en la bicicleta
Con el brazo abierto al aire
Con el corazón desatado al porvenir.

Las rozo cuando me besas
Cuando te oigo plañendo teclas dentro de mí
Las bebo cuando me corro
Pero duran tan poco esos instantes
Y luego regreso a la negritud del pozo
Cerrado y húmedo
Fangoso y frío
Y ahí me quedo remendando el que dirán
Lo que fui
Lo que dicen que fui
Cuanto dicen que hice
Ahí me quedo deshojando culpas
En un velorio de mi persona
Desatando postes, uniéndolos más a mí.
Y el centro del túnel se cierne y traga mi rostro
Y me arrastra dentro y no me deja gritar
Y una mano caliente me quema el pelo
Me sumerge en la herida
Me ahoga en el miedo
Y se abre la costra y me congela dentro
Convirtiéndome en un mar de tripas
Revueltas.
Y entonces, solo entonces,
vuelvo a saber lo que es el miedo.

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Mi yo triste, Alejandra

Es un mapa fluido de voces
las prisas de esta ristra risible
La ves pecar sobre tu cuerpo amargo
Tu cuerpo antilíbido, Alejandra
La ves zarpando del sur al este
y del norte al oeste, Alejandra
La oyes sucumbir a tu voz de enferma
Inversa al trapo de tus músculos laxos
Tus venas acuosas
Tu estómago de sangre
Te atrapa con las coces de una culebra
Trepa por el coño
Como lo hacía antaño
Estás libre de toda hostia
Inabarcable por el crucifijo
Intocable en el púlpito
Con la regla en el muslo
Y un rosario por susto
Las tripas esponjosas se señalan
las unas a las otras
Las quieres, Alejandra
Arañazos en tu interior
En las entrañas de Saturno
Que se devora a sí mismo
Sobre un pecho despojado,
Abierto en abismos.

Te miras por dentro, Alejandra
Ves las rocas de la inmundicia
La montaña huracanada
de tus emociones funestas
Cuántas veces crees
haber muerto, Alejandra?
Cuántas veces has muerto?
Ninguna, Alejandra
Aquí sigues, mi bichito enfermo
Mi pequeña trufa endiablada
Mi sobretodo sentimental
Mi paracaídas ruinoso
Mi veleta capitana
Mi yo triste

Mi soledad alada

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No entiendo por qué tira
precipicios la soledad
Escandalosa litera sucia y triste
Por qué se mancha de deseo
De infancia de niñas deseadas
De niñas trastornadas
Por qué se enfurece mi soledad alada
Por qué huye de esquina en esquina
Por qué me solivianta
mi soledad escapada

Te necesito entera,
No a cromos coleccionables de adioses
Te necesito sincera
Conmigo en la cama
Con mi soledad de coces.
Sueño contigo
Sueño vestido
Con la soledad.

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Anorexia I

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El cuerpo de una niña en la escalera,
Deforme.
Doblado.

El cuerpo de la niña en la soga de un patio,
Los alumnos se ríen.
La grasa se rompe.
El piso la recoge.

La niña no abre la boca.
El cuerpo de la niña se rompe.
Ellos se ríen.
Ellos la rompen.

La niña atraviesa el cristal con los dientes fríos,
Los pies abiertos,
La mente en sal.
El corazón informe.

La niña cruza el reflejo
Del espejo de su habitación.
Los niños ríen.
Los niños rompen.
Los niños le gritan.

La niña no abre la boca.
La niña no come.
Ellos la besan.
Ellos la rompen.

La niña se estira
Su cuerpo deforme
Espigada ahora
No traga
No come
Pero la silueta se expande
Por el techo del borde
Por la simiente de la clase
Por el capullo sin nombre.

El cuerpo crece por encima de la tapia
El cuerpo crece y crece
El cuerpo delgado se rompe
La niña besa
La niña sorbe
La niña sopesa
La niña se rompe.

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Foto: Óscar Carriquí.