Enfermedad

Es la línea de mi vida
La que se dibuja ante mí
La veo hacer rapsodias
En un cruce de vías
Informes
Sobre el cuerpo de otra Mina
La otra María
La limpia
Y el payaso progresista desata sus Ls
Sobre mi pecho abierto
Y yo recibo los tumbos del desastre
Me cuelgo de una cenefa abierta
Me sacudo
Postrada ante las hostias que recibo
A cuerpo descubierto
Con las alas llenas de mugre
Y el pis en el cabello
Límpida de las coces recibidas
Suplantadas por mis propias patadas

Recibidas
Arañadas
Hondo en lo horadado del abismo que se abre

Negro
Nutrido de alimentos mojados en vómito
El mío

Cuando suben por mi garganta los alimentos
Que mi cuerpo informe no quiere tragar
Y vuelvo a caerme por el torbellino de la desgracia
Creada
Escrita por mí
Sin más puertas que las armaduras que se cierran
Y giran ventanas sobre el suelo roto
De cristales sumisa ante ellos me arrodillo

Y mis piernas crepitando recorren el viento con la sangre
Y pelean por darme el soplo de oxígeno que pierdo al andar

Al comer
Al reír
Porque ya no río

Ni es un lloro la masa de pus y caca que se retuerce en mi vientre
Incapaz de alumbrar vida
Se va carcomiendo la simiente
Y los ancestros no compartirán con el mañana sus apellidos
Se irán conmigo a la tierra que no es nuestra
Es de ellos

Por esas vías que se abren ahora ante mí
Que tengo delante
Y van haciendo eses conmigo mediante
En un baile alcoholizado de deseo podrido
Dibujando el estertor con mi aliento enmudecido

Y los payasos condenan sus sombras
a las lágrimas que se agolpan en bucle en mi pesar
Y todo vuelve a empezar

Con el recuerdo palpitante del amor de una madre
Acurrucada en su regazo
Muerta de frío y heces
Sobreviviendo a la vida que ella me dio

Y yo vomito castigando las tripas
con el sonido del latir del dolor
y los chillidos que circulan
por los conductos de la sangre mientras palpito

No los oyes?
Han venido a robarme el regazo de mi madre
A arrancarme de sus caricias
A anestesiarme con el orfidal
que se resuelve en la esquina derecha de mi vientre
Batalla por trepar al centro de mi corazón
Para tranquilizar al caballo desbocado
que rezuma en la plantilla

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Varada

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Llevo mucho tiempo pisando las esquinas de los abrazos
Llevo mucho tiempo desoyendo la sigilosa huracanada voz mía
Temiendo su recurso fácil
Su borbotón peleón
Llevo mucho tiempo deseando salir de este trance
Desbocando la vida
Con tal de morir de muerte
Llevo mucho tiempo girando por las calles sin salida
Trepando por sus techos de adobe
Sin plantas ni orificios
Sin luz sin color
Llevo mucho tiempo arrugando la nuca desvaída a la energía
Mucho tiempo haciendo lo que no quiero
Queriendo lo que no hago
Llevo mucho tiempo atrapada en este precipicio
deseando despeñarme techo arriba
Deseando condenarme con la frente desabrida
Llevo mucho tiempo
pero el tiempo no me calma ni me satisface
El tiempo fluye
Y yo me quedo varada

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Enferma

El dolor es un usufructo de mi persona
Me limita
Me limpia de vida
Me condena al ostracismo

El dolor se conduce redondo
Porque cuando se aplana, se rebela
y me repta por el esófago
Hasta la laringe
Estruja mi vientre como el papel de una papelera
Ya no grito porque no quiero asustarlo
Prefiero que no me oprima el rostro con sus legañas dulces

Sé que va a estar aquí
Cuando yo crea que ya se ha ido

Sé que no se va a ir nunca
El dolor
Que cuando coma, croará
Y cuando no lo haga, me debilitará

Estamos aprendiendo a vivir juntos
-Él y yo-
Pero no nos amoldamos

La adaptación me rompe el estómago
Truenos en cascada
Puñetazos en el bazo
Salientes en el risco del páncreas.

Abrazo el dolor
Esquivo de caricias
Repelente porque me ignora
Me desoye
No obedece
Anárquico en sus horarios
No llegamos a un acuerdo
Viene cuando se le antoja
Me deja cuando lo necesito
Así que él gana
Pero yo me empeño en arrastrarlo a la batalla
“O tú o yo”, le digo
Cuando estoy henchida de orgullo
Cuando la fuerza me corroe

Ya sabéis cómo termina el forcejeo
Yo, en el suelo
Él pisándome el rostro en una mueca
Atroz

No hay día que no venga a visitarme.
Al menos en eso no me falla.

Seguiremos andando juntos
Y tal vez la próxima vez que escriba sea
para contarles que nos llevamos
Mejor
Que convivimos
Mejor

Que así sea

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El miedo

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No sé quién soy
No tengo vida
He encontrado postes equidistantes
Desde mí hacia ella
Quiero marchar
Pero no encuentro la huida
La gran escapada de mí hacia mí

Enredaderas de fango en el camino hacia los ojos
Las manos tendidas en un laberinto de puños
Dan coces contra mi barriga
Tengo miedo del daño no correspondido
De la ducha abierta que no congela
De las miradas de los otros

Me escondo y huyo al centro de la cama
A la alcoba del pasado

Si estoy enferma, esta enfermedad trepa por mi cabeza
Se abre en el vientre y culebrea de porvenir
Son ristras supurando carne
Hechas de adioses infatigables.

Lo percibo venir hacia a mí
Con el pelo hundido en tristeza
Teñido de lodo
Tendiendo un puente a lo sucedido
Entre los dos hace ya carreteras y postes

Echo de menos la nada
La perseguible apariencia de existencia
Ese capullo que se abría enorme
Y despegaba entusiasmado desde el centro del pecho
Al extrarradio de la galaxia

Echo de menos su volátil expansión
Esas carreras de ilusión hechas esporas en mi carne
Trepando honestas por el vello erizado
Volverán, yo sé que volverán
Ya las veo mientras paseo sola en la bicicleta
Con el brazo abierto al aire
Con el corazón desatado al porvenir.

Las rozo cuando me besas
Cuando te oigo plañendo teclas dentro de mí
Las bebo cuando me corro
Pero duran tan poco esos instantes
Y luego regreso a la negritud del pozo
Cerrado y húmedo
Fangoso y frío
Y ahí me quedo remendando el que dirán
Lo que fui
Lo que dicen que fui
Cuanto dicen que hice
Ahí me quedo deshojando culpas
En un velorio de mi persona
Desatando postes, uniéndolos más a mí.
Y el centro del túnel se cierne y traga mi rostro
Y me arrastra dentro y no me deja gritar
Y una mano caliente me quema el pelo
Me sumerge en la herida
Me ahoga en el miedo
Y se abre la costra y me congela dentro
Convirtiéndome en un mar de tripas
Revueltas.
Y entonces, solo entonces,
vuelvo a saber lo que es el miedo.

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La muerte en el espejo

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Y miro la vejez
por la ventana de mi nombre
Con postigos de ilusión
De whiskys dobles
En la piel descolorida
Por los golpes presentes,
En fila india,
Ellos hacen parte de mi corte.

Y paso lista
Para deducir quién
me acompañará de uniforme
al viaje desdibujado
del porvenir embarrado de mandobles,
Y pugno por decidir
En la helada de mis miembros oxidados y pobres
Si preferiré salud, dinero o pronombres.

La voz desollada surge de mi terraza,
Se estrella contra los picaportes
No puede salir,
Es de celofán
De inmundicias informes.

Las edades confundidas
Se miran en el espejo de las horas
Saltan con Cocteau entre minuteros
de radios de otroras
Ya lo veo al anciano pelado
De calvicies en el reflejo.
No es nadie
Eres tú
Carcomida por el tiempo perdido
En las arañas del otrora.

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