Enferma

El dolor es un usufructo de mi persona

Me limita

Me limpia de vida

Me condena al ostracismo

El dolor se conduce redondo

Porque cuando se aplana, se rebela

y me repta por el esófago

Hasta la laringe

Estruja mi vientre como el papel de una papelera

Ya no grito porque no quiero asustarlo

Prefiero que no me oprima el rostro con sus legañas dulces

Sé que va a estar aquí

Cuando yo crea que ya se ha ido

Sé que no se va a ir nunca

El dolor

Que cuando coma, croará

Y cuando no lo haga, me debilitará

Estamos aprendido a vivir juntos

-Él y yo-

Pero no nos amoldamos

La adaptación me rompe el estómago

Truenos en cascada

Puñetazos en el bazo

Salientes en el risco del páncreas.

Abrazo al dolor

Esquivo de caricias

Repelente porque me ignora

Me desoye

No obedece

Anárquico en sus horarios

No llegamos a un acuerdo

Viene cuando se le antoja

Me deja cuando lo necesito

Así que él gana

Pero yo me empeño en arrastrarlo a la batalla

O tú o yo, le digo

Cuando estoy henchida de orgullo

Cuando la fuerza me corroe

Ya sabéis cómo termina el forcejeo

Yo, en el suelo

Él pisándome el rostro en una mueca

Atroz

No hay día que no venga a visitarme.

Al menos en eso no me falla.

Seguiremos andando juntos

Y tal vez la próxima vez que escriba sea para contarles que nos llevamos

Mejor

Que convivimos mejor

Que así sea

Mi yo triste, Alejandra

Es un mapa fluido de voces
las prisas de esta ristra risible
La ves pecar sobre tu cuerpo amargo
Tu cuerpo antilíbido, Alejandra
La ves zarpando del sur al este
y del norte al oeste, Alejandra
La oyes sucumbir a tu voz de enferma
Inversa al trapo de tus músculos laxos
Tus venas acuosas
Tu estómago de sangre
Te atrapa con las coces de una culebra
Trepa por el coño
Como lo hacía antaño
Estás libre de toda hostia
Inabarcable por el crucifijo
Intocable en el púlpito
Con la regla en el muslo
Y un rosario por susto
Las tripas esponjosas se señalan
las unas a las otras
Las quieres, Alejandra
Arañazos en tu interior
En las entrañas de Saturno
Que se devora a sí mismo
Sobre un pecho despojado,
Abierto en abismos.

Te miras por dentro, Alejandra
Ves las rocas de la inmundicia
La montaña huracanada
de tus emociones funestas
Cuántas veces crees
haber muerto, Alejandra?
Cuántas veces has muerto?
Ninguna, Alejandra
Aquí sigues, mi bichito enfermo
Mi pequeña trufa endiablada
Mi sobretodo sentimental
Mi paracaídas ruinoso
Mi veleta capitana
Mi yo triste

El deseo en furia

culos
Giran en el centro del torbellino
las tripas del poder ensangrentado
Las hormonas no liberan
la revolución recogida;

Se encoge en una turbina
de soles desatados
Entre mis dos piernas
la furia de la bestia
de mis líquidos;

El deseo se carcome,
de dentro hacia fuera
Colmado de pus
Avispado de voces
que entrecortan
la palabra del dictador;

Esas coces con las
que me entretiene el mundo
destrozada por dentro,
Con el estómago en el intestino
Y el intestino en la cabeza
Putrefacción de la intensidad
de ojos oscuros
llenos de voces.

El frío atora mi alma,
no encuentro la pulsión
El centro de la mente
está congelado
Nadie quiere salir
herido de las neuronas,
se han vestido de avispero
y rebotan contra la herrumbre.

La emoción se encogió hace un año
Cuando los dedos tocaban
el jabón de mi coño;
Nada fluye
Los arañazos no someten
A los dedos de mi ira vaginal
la tumban,
la amordazan;
La señal domesticada
se hace un ovillo en su mano
Sabe cuándo girar,
Sabe cómo,
Y yo entiendo cómo y dónde
retumba el placer;
conozco el camino para desatarlo
-mentalmente-
Gira, turbina, se desata revoltoso,
gira la turbina, deshace, corroe;
No es un giro desesperado
Ojalá lo fuera
Es un movimiento programado
De encaje,
Sin hilos,
Sin armas.
Echo de menos follar.

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Dolores de estómago

Me catapulto contra los ruidos,
me enamoro de los dolores de estómago,
me mato con los olores y los pensamientos de los que se hacen ilusiones.

Me exprimo y devano los sesos por empezar el día
encontrar una baldosa no pisada,
descubrir una vía no andada,

Me sumerjo por los trenes de esta ciudad
y me escondo debajo de los móviles de sus gentes.

Me pierdo entre las cajas de fruta,
de los mercados batientes,

Repto por las horas del día
sin un destino imaginado
e intento enervar a mis parejas
para que me dejen en un vado.

No me ven cuando los deseo
No me oyen cuando los detesto,
mi voz no les roza,
tan solo mi rostro nítido,

Y creen que soy bella,
y que mi alma les rompe,
y creen que soy joven
pero la vejez ha abierto la herida
que se pasea por los mercados
y come la fruta podrida.

Y me bato en retirada
para no escuchar otras pisadas.

Y me escondo en mi piso
para tramar un sentido
a esta existencia robada
hecha de pasados ajenos
cuando creí separar la verdad de la mentira
cuando soñé que sería
más que un día (estúpida ilusión).

Foto: Marie O. 

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