Amigos

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Mirando por las nubes de otro tiempo, distingo el paisaje del presente,
haciendo parábolas paracaidistas
con el mañana
siempre furtivo de chanzas inteligentes del ahora.

Pasadizo secreto que enhebra mi yo
en tu tú más henchido
golpeando salientes giratorias entre montañas angostas amanecidas
de depresiones paseadas
por toboganes interminables.

Sueño con no ser tu puta
Sueño con una dosis de alegría
Por desdibujar con colorines
Las manos que pegan
Los gritos y las coces que dimos
Sueño con olvidar para recordarte bien
Para no odiarte más
Para ser sin tener que ser tuya
Porque ya lo fui “tuya”
Y no, no quiero odiarte
(Pero ya quiero echarte culpas,
Bordarte iras,
Incendiar tu mente).

Sueño con soñar estar
presente cuando volvamos a ser amigos.

He vuelto

He vuelto a mentir
He vuelto a sentir
A helarme la cintura en una polla dura
A congelarme en el tiempo
En una mano en mi cintura
En un perfil porno
Que me llamaba puta
He vuelto a merendarme
La Fidelidad en ayunas
Equidistante de lodos y platas
Cobarde de piel y latas
He vuelto a beber
A sentir el alcohol rayándome el sexo
A esnifar la duda
La sangre del pecho
He vuelto a ser mala
(O buena, depende desde dónde se mire)
He vuelto y he venido para el quedarme

El miedo

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No sé quién soy
No tengo vida
He encontrado postes equidistantes
Desde mí hacia ella
Quiero marchar
Pero no encuentro la huida
La gran escapada de mí hacia mí

Enredaderas de fango en el camino hacia los ojos
Las manos tendidas en un laberinto de puños
Dan coces contra mi barriga
Tengo miedo del daño no correspondido
De la ducha abierta que no congela
De las miradas de los otros

Me escondo y huyo al centro de la cama
A la alcoba del pasado

Si estoy enferma, esta enfermedad trepa por mi cabeza
Se abre en el vientre y culebrea de porvenir
Son ristras supurando carne
Hechas de adioses infatigables.

Lo percibo venir hacia a mí
Con el pelo hundido en tristeza
Teñido de lodo
Tendiendo un puente a lo sucedido
Entre los dos hace ya carreteras y postes

Echo de menos la nada
La perseguible apariencia de existencia
Ese capullo que se abría enorme
Y despegaba entusiasmado desde el centro del pecho
Al extrarradio de la galaxia

Echo de menos su volátil expansión
Esas carreras de ilusión hechas esporas en mi carne
Trepando honestas por el vello erizado
Volverán, yo sé que volverán
Ya las veo mientras paseo sola en la bicicleta
Con el brazo abierto al aire
Con el corazón desatado al porvenir.

Las rozo cuando me besas
Cuando te oigo plañendo teclas dentro de mí
Las bebo cuando me corro
Pero duran tan poco esos instantes
Y luego regreso a la negritud del pozo
Cerrado y húmedo
Fangoso y frío
Y ahí me quedo remendando el que dirán
Lo que fui
Lo que dicen que fui
Cuanto dicen que hice
Ahí me quedo deshojando culpas
En un velorio de mi persona
Desatando postes, uniéndolos más a mí.
Y el centro del túnel se cierne y traga mi rostro
Y me arrastra dentro y no me deja gritar
Y una mano caliente me quema el pelo
Me sumerge en la herida
Me ahoga en el miedo
Y se abre la costra y me congela dentro
Convirtiéndome en un mar de tripas
Revueltas.
Y entonces, solo entonces,
vuelvo a saber lo que es el miedo.

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Miento

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He perdido la valentía, la voz y el camino,
He errado de bosques y mentido en ramas.
Me estoy equivocando, no sé cómo dar un paso.
He errado porque he confundido lo salvaje con lo digno,
El gozo con el deseo,
El suspiro con el lamento.

Las ataduras que me atrapan sobre ti son impuras.
Están hechas de silencios eternos.
De peleas pasadas, de novios caducos,
De ideas fijas, de trombones absurdos,
De música a deshoras,
De whisky con hielo,
De madera hirviendo;
De retozar por retozar.

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Foto: Marie O. 

De túes y de yoes

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El cansancio que horada la náusea
se funde con la sangre de mis sueños
La herida de mi hombro,
Avispada, inteligente, quiere dormir.
Los pasos hacia ti se desdoblan,
un borrador de canicas rodantes
Desborda el trayecto que conduzco hacia ti.

Entre sombras de un juego soñado disparo gritos
Despechos tejidos de túes y yoes,
Cenas de cristales rotos,
Gritos de putas en las nalgas,
Impaciencia de bosques y lechuzas,
No reconozco los límites de tu rostro
No levantan celosías,
Las bajan.

No conozco un futuro más helado
Hemos estado corriendo saltos
encima de una mesa donde escribimos nuestros nombres
Deseando que la tinta fuera indeleble
Pero los gritos, los saltos y los vasos
Han corrido su marfil helado,
se hace añicos sobre mi frente mojada
Y los contornos de tu voz pierden la audición
Y yo me doy de bruces contra el templo del nosotros
Coceando,
arañando,
mordiendo, pegando

El espíritu queda encerrado en una brizna de aire
Se pasea furtivo por las calvas.

Descuida, lo olvidaremos.

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Foto: Carlos Valladolid. 

La duda

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No es una distancia hilada por la duda.
–¿Me querrá? ¿No me querrá?–
No es un silencio bordado de humo
Ni un incendio infernal clavado de cristales

Ni tan siquiera es una herida abierta
Entre tú y yo
No está hecho de piel
No sangra
Ni se ahoga.

Está aquí, apoyado en mi brazo
Culebreando por mi muslo
Anegando mi coño

Una separación de puntos de interrogación
Que no quieren exclamar nada
Que aman los puntos
Y driblean las comas.

No encuentro porque no busco señales
En la calle, ni en los bares que pisamos
Ni siquiera en tu ropa
No abro los cajones buscando tu presencia
Es como si no te hubieras ido
Como si nunca hubieras estado
–¿pero estuviste, no?
La distancia del silencio que no nos separa
Rompe el presente que habíamos tramado
Proyecta nuestro futuro en un si condicionante
En un latido mudo

Este silencio acobardado, orgulloso que no siento
Podría invitarlo a entrar en mi casa, a descansar conmigo
A hospedarse en mis venas
A besar mi sentido
Pero no lo hago
y resuelvo girar como una peonza sobre el olvido

Foto: Marie O.

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Ellos

yo
No éramos nosotros
Eran ellos.

Nos mirábamos a través
de los vasos de cerveza
y veíamos cabezas borradoras
Señales de mierda y frío.

No éramos nosotros
Eran ellos
Y tejimos en el bar
Una conversación a voces
De peleas de sapos
Y princesas pordioseras.

No éramos nosotros
Eran ellos quienes dirigían
Nuestras manos bajo la mesa
En las cenas con padres
que no teníamos y nunca tendremos

No éramos nosotros
Eran ellos
Los que nos hicieron firmar
El finiquito de la ilusión
Los que rompieron
la nómina de la esperanza
los que señalaron con el dedo
Al vecino
Al amigo
Al compañero.

No éramos nosotros
Eran ellos los que cavaron
La tumba de un destino soñado
Aquel que veíamos tumbados
En el césped mientras tú contabas
Mis nubes en el cielo

No éramos nosotros era ellos
Los que rompieron las estrellas
Que se colaban por las paredes
De nuestra habitación cuando éramos niños

No éramos nosotros
Eran ellos
Los que nos colgaron al cuello
un termómetro de minuteros
cual cencerro.

No éramos nosotros
Fueron ellos
Quienes asfixiaron
El papel pintado por donde se escapaba
La imaginación,
¿la recuerdas?
Libre, cómoda, nuestra, propia
Hecha de yoes y túes
Serpenteando por páginas
De literatura en esquinas
De camas propias y ajenas.

¿Cuántos libros leímos?
¿A cuántos capitanes de barco quisimos?
¿Dime?
¿Pero dónde queda la ilusión de la imaginación del sueño?
¡Ah, sí!,
En la nómina del finiquito
del contrato hipotecario que firmaste con tu vida.

Foto: Miguel Ovelar

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