Rayas en el bidet

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Pienso en el tiempo que nos queda por vivir, en que todo será posible.

Pienso en la tetera en el fuego, en el gato en la ventana, en las alfombras rotas,

Pienso en el frío suelo, en tu brazo en mi cintura, en tus abrazos muertos

Pienso en tu madre en la cocina, en los cuchillos blandiendo el pan, en las miradas de tus amigos

Pienso en festivales de música, en colas en los baños, en rayas en el bidet

Pienso en tu rostro en el mío, en los puñetazos en la mesa, en las copas a la una

Pienso en las paellas abortadas, en el peso de tus pasos, en la música en tu plato.

Pienso en el tiempo desperdiciado, en las caricias entregadas, en el suelo y en la estufa

Pienso en tus miradas asesinas, en la alergia de mis gatos, en tu dolor de tripa.

Pienso en tus labios, en tu barba y en tus chillidos

Pienso en follar contigo en la nieve, en tumbar muros, en las tardes en tu terraza.

Pienso en mi equivocación, pienso en la pérdida, pienso en mi desorientación,

pienso en tu mano en su cintura, en vuestros abrazos vivos,

En su madre en tu cocina, en las cucharas sorbiendo sopa, en las sonrisas de tus amigos,

En tardes de cine y rosas, en cenas con tres postres, en su cuerpo sobre el tuyo, en vuestras caricias cálidas.

Pienso y muero de tanto pensar.

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Sexos ajenos

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Con todo este trajín de gente,
recuerdo las vías,
el desaforado crujir de líneas
y las salidas y llegadas de sexos ajenos.

Recuerdo las prisas aceleradas del extranjero,
el maletín errante que cargabas al hombro
y el silbido del tren pasando por tu rostro.
Recuerdo las horas muertas
y la tumba del pueblo que abrimos,
las llaves de la casa donde cogimos el billete.
y las costras del viajero.

Recuerdo las suelas ajadas, las manos arañadas y los callos fríos.
Recuerdo el engendro que dirigimos en tres años de salidas,
(me parece lejano el postre).
Las señales de distancias cortas,
sin curvas, sin pistas rectas.
Las entradas de combustible,
el poste de la espera, el arrastre de pies,
la condena traicionada.
Las sombras de los intercambiadores,
mi traición.
La maleta gorda y la risa prestada,
el dedo manchado de alcohol entrando y saliendo de mi coño.
La barra de los descarrilados,
los cambios de velocidad,
las ventanas de paisajes de los otros,
de sus vidas en el horizonte cuando los trenes chocan.
Los roces de las carreras para no perderlo,
para llegar a tiempo,
De oportunidades teñidas
de crepúsculos interminables
Congelados en asientos reclinables.

Foto: Óscar Carriqui. 
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El tumulto con el que te vienes

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He vuelto a la osadía de tu ser,
a cerrarte con mi sexo las ideas peregrinas.

He vuelto a allanar tu sexo con mi lengua,
a absorber el recodo del deseo
con las puntas de los dedos.

A revolverte el ansía de abrirme por dentro
–con arañazos en el corazón y en la sangre–
Y el moratón sellado con la boca.

Empújame más adentro hasta que me caiga por el precipicio,
no me sujetes cuando me deshaga en suplicios.

La carne se desliza por la respiración de mi alma e intenta llenarte,
rozar el tumulto con el que te vienes,
mirarlo a los ojos y arrancarle la duda.
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Los quintos viudos

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Como un silencio de miradas frías
hecho jirones de tartamudeos elocuentes.
En una mesa sin esquinas
con manos que se miran y no se tocan,
esperando el decir,
que no se dice,
y las palabras que huyen peligrosas
cuando nos rozamos de bares
y esporas.

Buscando la sospecha en tu hombro,
los arañazos y las lenguas de otros días,
destruyendo resquicios de dudas,
leyendo en tus ojos, el tedio.
–y el mío–
temiendo que se despeñe lo nuestro
por la mesa sin esquinas,
y se queden viudos,
los botijos, los tintos y los quintos
y que quienes los recojan en unos años no encuentren
ni una migaja de cuanto fuimos;

La duda
se atraganta.

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Foto: Marie O.
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Me desdibujan

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Me dejan y los dejo,
No nos encontramos, nos desencontramos,
Todos aquellos que me ven y me tocan,
Me desdibujan,
Todos aquellos que me escuchan,
Me silencian.

Pronuncian mi nombre para olvidarlo,
Tocan mis muslos para borrarlos.
Todos aquellos que me hablan no me oyen.
Ni yo a ellos.

Quedamos en bares de humo para desafinar nuestros latidos.
Esperando mentir.
Decidimos verdades y catapultamos mentiras,
engañamos a los buenos,
respetamos a los malos.
Pedimos copas y chupitos
para olvidarnos de nosotros mismos,
con tal de perder el mañana,
con tal de silenciar el ayer.
No existe verdad imaginada,
solo el ahora
que miente más que habla,
solo el pasado,
que pesa más que una losa,
solo el silencio y mil lamentos,
de noches que pasamos solos
y ahogamos en la cavidad escondida de una barra vacía.

Ojalá me lleven lejos estos encuentros con hombres molestos.
ni los quiero hoy,
ni los querré mañana,
pero al menos me hacen olvidar,
la soledad de mis cielos rotos de cuatro paredes.

Fotografía: Jacobo Biarnes
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Violación

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Esquina sin fin, rincón de la cama vacío,
sombra, olor a humo,
sábanas mojadas en sudor,
medias bajadas hasta el corazón,
cortina de fantasmas por el vestíbulo.

Hueco en sangre, paz en violencia,
rota en carnes
abandono vital en escondite errante,
pasos que se van
manos que atrapan,
cuerpos que confían
y se dejan besar.

Atrapada en una sala cerrada, sin diván, con rayas encima de una lata,
hombres que golpean la puerta cerrada,
Manos que intentan zafarse.
oscuridad,
techos sin fondo
lodo en los pantalones,
querer y no poder gritar,
oír la condena en el fondo del fondo
Poder atrapar el murmullo final
de la otra tumbada en la cama
que mira sin mirar
la esquina de la cama vacía.

Fotografía. Martin Page. 

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Dolores de estómago

Me catapulto contra los ruidos,
me enamoro de los dolores de estómago,
me mato con los olores y los pensamientos de los que se hacen ilusiones.

Me exprimo y devano los sesos por empezar el día
encontrar una baldosa no pisada,
descubrir una vía no andada,

Me sumerjo por los trenes de esta ciudad
y me escondo debajo de los móviles de sus gentes.

Me pierdo entre las cajas de fruta,
de los mercados batientes,

Repto por las horas del día
sin un destino imaginado
e intento enervar a mis parejas
para que me dejen en un vado.

No me ven cuando los deseo
No me oyen cuando los detesto,
mi voz no les roza,
tan solo mi rostro nítido,

Y creen que soy bella,
y que mi alma les rompe,
y creen que soy joven
pero la vejez ha abierto la herida
que se pasea por los mercados
y come la fruta podrida.

Y me bato en retirada
para no escuchar otras pisadas.

Y me escondo en mi piso
para tramar un sentido
a esta existencia robada
hecha de pasados ajenos
cuando creí separar la verdad de la mentira
cuando soñé que sería
más que un día (estúpida ilusión).

Foto: Marie O. 

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