Domingo

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La angustia es inclemente
y ve cómo se va acercando
el reloj al final del día.

La angustia es soberana
de pueblos y ranas,
de príncipes y mazmorras.

Es la culebra que ciega a los niños en los parques
con la garganta quebrada en voces de troncos sin vida.

La angustia culebrea cuando se agotan las horas del ocio.
¡Levántate ante el patrón!
¡Desciende por el trayecto de fango!
Con los intereses del mediodía,
el banco en la suela
y el seguro en la vía.

La angustia te atrapa
no quedan horas,
el domingo se va.
el domingo se ha ido.
No era tuyo el domingo,
¿no lo ves?

Foto: Marie O. 

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Insensato


Persigue la culpa al insensato
que se deja recluir por sus miedos pasados.

Morada la mano,
negro el zapato,
da puntapiés a los adoquines.

Refriega el suelo con la culpa
expulsa al inquilino del corazón.
Solo ve los insultos,
solo oye los maleficios,
se le escapa el candor del amor.

Solo quedan las brasas
alcohol les echa
y las extingue.

El futuro no está hecho,
¿No lo ves insensato?
solo os cuelga cruces del cuello
alimentando vuestro ego.
La escarcha tiende un puente
hacia la depresión,
sin objetivos,
sin camino,
comiendo las migajas del mañana.

El antes de ayer no se ha ido,
culebrea desde tus pies a tus pechos,
-Insensato-
Explota en obsesión.

El ahora no se deja atrapar,
se destapa dentro de las arterias
y vomita puntos de interrogación.

El palpito confunde,
las ideas pelean espada en mano
en una lucha sanguinaria en la respiración.
Ahogan, arañan las cuerdas,
hacen subir un estertor.

¿Ansiedad quién eres?
¿por qué nos visitas?

Las horas golpean
con fuerza en el zapato negro
tiran de la mano morada.

¡Hacia el agujero!
¡Hacia el precipicio!
¡Hacia el despeñadero!

Corre insensato,
desmerece el día,
refúgiate en la noche
que colea por el resquicio
estomacal.

Foto. Marie O. 

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Pastillas de orfidal

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El olor a sexo en la cintura de un seno,
oscuros dedos de cilantro adormecidos por pastillas de orfidal.
El alcohol en el extrarradio del wc,
la piel a mareas verdes que no se cae.

Una aureola de colores en la habitación de mis ojos,
adormecida por el palpitar de las sienes humedecidas
de negro alquitrán putrefacto de sexo ocioso.

La mandíbula rueda arenas,
aprieta preámbulos de salivas relajadas,
regurgita la puta de pasados mojados en barras de alcohol
con resacas de lluvias ajenas
sobre los toldos de los hombros
y la rumba carcomida por el prutefactor del rostro.

Suda sudarios en el espacio de un cuello redentor,
el del dedo que sacude catacumbas relamidas de prisas
por un mañana que ya llegó
pero no llega,
mientras el futuro salta a la comba con mi persona
y le ata la soga a la cintura de la risa,
por el hambre interminable de las ganas de follar
y de sacudirse en un abrazo de piernas entrelazadas.

Las veces que han pasado por mi coño un ejército de sombras,
han sucumbido al tobogán del sentimiento tiovivo,
por las nalgas mojadas de las culpas del otrora
y los pelos de mi sexo,
lacio, enredado.

Carcomida de culpas por haber palpitado al verles,
los Ángeles alados de la indiferencia,
los que más le gustaban,
aquellos que acariciaban para sepultar su ego
en las mazmorras de la vagina,
sin importarles a qué sabía
(Ella era un reflejo del pudor de su persona).

Y danzaba dando vueltas el entrono de una madre,
inexistente,
distante
de la culpa de su pasado.

Fotografía: Marie O.

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Tan lejos

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Recuerdo cada roce
Cada dedo tuyo,
La suavidad;
Tu lengua en mi coño.

También recuerdo la violencia
Tus silencios
Ese no decir nada.

Recuerdo la distancia,
Tus quejas
Tus lágrimas.

Recuerdo aquel piso,

la ventana abierta, los postigos entornados
El juego de luces y sombras sobre tu rostro
Tu cuerpo desnudo.

Recuerdo abrazarte con fuerza

en aquella cama esquinera
Por miedo a perderte
Por miedo a recordarte desde lejos
Como lo hago hoy.

Fotografía: Jacobo Biarnes

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Camas que follan sin fin

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El infierno son los demás
(Y nosotros que nos queremos).
En un salmo antiguo, viejo, ajado,
con carnes descolgadas y olor a podrido.
Es una historia antigua
pordiosera,
de túes, yoes y ellas
(y ellos).
De sorbidos,
chillidos mentales
y pensamientos guturales.
De manos largas y pies lisos,
de camisetas mojadas
y pelos en botones.
De camas finas y sábanas sucias
y colchones usados
(con otras)

Es un devenir mancillado
altamente explicado
relatado (por otros).
Un final que no nos pertenece
a nosotros
que dejaremos de amarnos
a ellos
a los que nunca quisimos.

Saludable ponzoña,
alegre devenir que gira
sobre este mar sin fondo
que desaprende a torear el fin
Y enhebra el inicio
como si fuera un durante
mediante camas que follan sinfín.

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Rayas en el bidet

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Pienso en el tiempo que nos queda por vivir, en que todo será posible.

Pienso en la tetera en el fuego, en el gato en la ventana, en las alfombras rotas,

Pienso en el frío suelo, en tu brazo en mi cintura, en tus abrazos muertos

Pienso en tu madre en la cocina, en los cuchillos blandiendo el pan, en las miradas de tus amigos

Pienso en festivales de música, en colas en los baños, en rayas en el bidet

Pienso en tu rostro en el mío, en los puñetazos en la mesa, en las copas a la una

Pienso en las paellas abortadas, en el peso de tus pasos, en la música en tu plato.

Pienso en el tiempo desperdiciado, en las caricias entregadas, en el suelo y en la estufa

Pienso en tus miradas asesinas, en la alergia de mis gatos, en tu dolor de tripa.

Pienso en tus labios, en tu barba y en tus chillidos

Pienso en follar contigo en la nieve, en tumbar muros, en las tardes en tu terraza.

Pienso en mi equivocación, pienso en la pérdida, pienso en mi desorientación,

pienso en tu mano en su cintura, en vuestros abrazos vivos,

En su madre en tu cocina, en las cucharas sorbiendo sopa, en las sonrisas de tus amigos,

En tardes de cine y rosas, en cenas con tres postres, en su cuerpo sobre el tuyo, en vuestras caricias cálidas.

Pienso y muero de tanto pensar.

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