He vuelto

He vuelto a mentir
He vuelto a sentir
A helarme la cintura en una polla dura
A congelarme en el tiempo
En una mano en mi cintura
En un perfil porno
Que me llamaba puta
He vuelto a merendarme
La Fidelidad en ayunas
Equidistante de lodos y platas
Cobarde de piel y latas
He vuelto a beber
A sentir el alcohol rayándome el sexo
A esnifar la duda
La sangre del pecho
He vuelto a ser mala
(O buena, depende desde dónde se mire)
He vuelto y he venido para el quedarme

Yugo

Medramos por este autobús sin retorno
Por un asfalto un millón de veces recorrido
A por la porra del sueldo
A por la gorra del ruido

Sabemos que al llegar
nos espera la silla encadenada
A gritos y coces
A rumbas veloces
Que acallan el camino de la consciencia

En ti no está seguir
En ti está continuar
Apagar el fuego interior
Dejarlo corroerse de alquitrán

En ti está el fango de la existencia pura
Enarbolada de carreras
por la cuesta arriba de la rutina

En ti está odiar y sonreír
En ti, tragar y escupir
En ti, respirar y suspirar
En ti, erguir y sentir
En ti, no está parar
No está abandonar

Así lo llaman ahora a liberarse
Del yugo de una cuerda soga en la cintura y una cadena en el corazón
Con los pies maniatados
Y las manos en la voz.

He vuelto

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He desaparecido durante varias semanas… He estado escribiendo sí, no solo en la revista donde trabajo, claro, también en cuadernos y en el móvil; en mesas y en el ordenador; en el autobús y en los bares; en pisos y en la calle, pero no publicando. He estado más activa en mi instagram (por cierto, es este: nstagram.com/maria_ovelar), pero he vuelto. Las palabras no deberían quedar batiendo silencios en el eco de las horas. Aquí van varias, ojalá resuenen en vuestro interior y enciendan algo.

¿A quién le importa la vida?
Si todo está inspirado de muerte
¿A quién le importa el resplandor?
Si el gato acelera el ronroneo en la puerta
¿Dónde está la salida?
En el bajo.
¿Dónde está la escapada?
En el corazón.

No me interesa
No me interesa
No me interesa
No me interesa
nada

Ni la vida
Ni la muerte
Ni la salida
Ni la escapada.

No tengo repulsa
No tengo horizonte
No tengo mentira

Respiro por encima de las cosas
Los bolsos,
Los zapatos,
Las marcas,
El trabajo

No me inspiran realidad
Me construyen un tejado de irrealidad
de paseos equidistantes
de vórtices geométricos
abiertos en ilusiones paralelas
existentes en la boca de los muertos
de todos aquellos que no están y yo leo
de las realidades pintadas por Rousseau
de las fantasmadas imaginadas por Baudelaire
de las duchas frías, mareantes y alcoholizadas de Bukovsky.

No están.
No están.
No están.

Y yo sigo fustigándome
Con peleles de septiembre
que encorvan la espalda
cuando viven
Y la levantan
cuando trabajan

¿De quién es el mundo
Si no nuestro?
¿ Y qué hacemos con él?
Quejarnos.
Construirle una mansedumbre de lamentos
Arroparnos en él
Dejarnos morir en él
Cepillárnoslo.

Os parecerá bonito
Pero a mí me espanta

Es todo tan tedioso
Tan repetitivo.
Somos unos cobardes
Enjutos de espíritu
Sobresalientes en facha
Tirantes descosidos
Zapatillas de marca

Hace años que no piso
Una realidad
Una de verdad
De esas que no se estiran
como el chicle
que no se rompen como el cristal
De esas que duran de verdad
Una de verdad
De esas que descolocan
Cuando hacemos desaires

¿Quién se las queda?
¿Podrían compartirlas un poco, no?
Hace mucho frío aquí, en pleno agosto,
sin la calidez de la verdad del otoño.

Foto: Martin Page.

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