Ellos II 

Estamos fuera del tiempo,
Tú y yo trazados por otros
Robados por otros
Esbozados por otros.
Esta no era nuestra hora
Ni nuestra vida
La escribían otros
Desde el ayer
Desde el mañana.
No nos queda metralla
No tenemos más carrete
Se nos ha acabado la gasolina
Sabía a mar, antaño
Cuando me llevabas a coscoletas
Por Tokio, a esa ciudad
a la que nunca fuimos.
No éramos nosotros
Eran ellos.

Foto: Marie O

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La broma fácil


Nos han señalizado el trayecto
El recurso fácil.

La llegada a casa,
a las 20.00;

El folleteo rápido,

a las 22.00;

La comida de coño,

Uy, hoy no.

Nos han marcado el camino a casa,

“Dé media vuelta

y vuelva a la casilla de inicio,

por favor”.

Nos la han colado pero bien colada.

Foto: Miguel Ovelar

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La duda

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No es una distancia hilada por la duda.
–¿Me querrá? ¿No me querrá?–
No es un silencio bordado de humo
Ni un incendio infernal clavado de cristales

Ni tan siquiera es una herida abierta
Entre tú y yo
No está hecho de piel
No sangra
Ni se ahoga.

Está aquí, apoyado en mi brazo
Culebreando por mi muslo
Anegando mi coño

Una separación de puntos de interrogación
Que no quieren exclamar nada
Que aman los puntos
Y driblean las comas.

No encuentro porque no busco señales
En la calle, ni en los bares que pisamos
Ni siquiera en tu ropa
No abro los cajones buscando tu presencia
Es como si no te hubieras ido
Como si nunca hubieras estado
–¿pero estuviste, no?
La distancia del silencio que no nos separa
Rompe el presente que habíamos tramado
Proyecta nuestro futuro en un si condicionante
En un latido mudo

Este silencio acobardado, orgulloso que no siento
Podría invitarlo a entrar en mi casa, a descansar conmigo
A hospedarse en mis venas
A besar mi sentido
Pero no lo hago
y resuelvo girar como una peonza sobre el olvido

Foto: Marie O.

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Ellos

yo
No éramos nosotros
Eran ellos.

Nos mirábamos a través
de los vasos de cerveza
y veíamos cabezas borradoras
Señales de mierda y frío.

No éramos nosotros
Eran ellos
Y tejimos en el bar
Una conversación a voces
De peleas de sapos
Y princesas pordioseras.

No éramos nosotros
Eran ellos quienes dirigían
Nuestras manos bajo la mesa
En las cenas con padres
que no teníamos y nunca tendremos

No éramos nosotros
Eran ellos
Los que nos hicieron firmar
El finiquito de la ilusión
Los que rompieron
la nómina de la esperanza
los que señalaron con el dedo
Al vecino
Al amigo
Al compañero.

No éramos nosotros
Eran ellos los que cavaron
La tumba de un destino soñado
Aquel que veíamos tumbados
En el césped mientras tú contabas
Mis nubes en el cielo

No éramos nosotros era ellos
Los que rompieron las estrellas
Que se colaban por las paredes
De nuestra habitación cuando éramos niños

No éramos nosotros
Eran ellos
Los que nos colgaron al cuello
un termómetro de minuteros
cual cencerro.

No éramos nosotros
Fueron ellos
Quienes asfixiaron
El papel pintado por donde se escapaba
La imaginación,
¿la recuerdas?
Libre, cómoda, nuestra, propia
Hecha de yoes y túes
Serpenteando por páginas
De literatura en esquinas
De camas propias y ajenas.

¿Cuántos libros leímos?
¿A cuántos capitanes de barco quisimos?
¿Dime?
¿Pero dónde queda la ilusión de la imaginación del sueño?
¡Ah, sí!,
En la nómina del finiquito
del contrato hipotecario que firmaste con tu vida.

Foto: Miguel Ovelar

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Pienso

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Pienso en el tiempo que nos queda por vivir,
en que todo será posible.
Pienso en la tetera en el fuego,
en el gato en la ventana,
en las alfombras rotas.

Pienso en el frío suelo,
en tu brazo en mi cintura,
en tus abrazos muertos.

Pienso en tu madre en la cocina,
en los cuchillos blandiendo el pan,
en las miradas de tus amigos
Pienso en festivales de música,
en colas en los baños,
en rayas en el bidet.

Pienso en tu rostro en el mío,
en los puñetazos en la mesa,
en las copas a la una.

Pienso en las paellas abortadas,
en el peso de tus pasos,
en la música en tu plato.

Pienso en el tiempo desperdiciado,
en las caricias entregadas,
en el suelo y en la estufa.

Pienso en tus miradas asesinas,
en la alergia de mis gatos,
en tu dolor de tripa.

Pienso en tus labios, en tu barba y en tus chillidos.
Pienso en follar contigo en la nieve,
en tumbar muros, en las tardes en tu terraza.

Pienso en mi equivocación,
pienso en la pérdida,
pienso en mi desorientación.

Pienso en tu mano en su cintura,
en vuestros abrazos vivos,
En su madre en tu cocina,
en las cucharas sorbiendo sopa,
en las sonrisas de tus amigos,
En tardes de cine y rosas,
en cenas con tres postres,
en su cuerpo sobre el tuyo,
en vuestras caricias cálidas.

Pienso y muero de tanto pensar.

Foto: Jacobo Biarnes

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Punto


No te quiero

Y ahora que lo pienso,

No sé si te quise,

No lo recuerdo

El silencio se ha instalado en la neurona,

La neurona que guarda

la algarabía del encuentro,

Ese que no recuerdo.

No lloro, ¿tal vez debería?

No recuerdo, no lloro, no amo;

¿Pero acaso te amé alguna vez?

Sí, ¿verdad?

Pero a aquel de antes

también lo amaría,

¿Entonces cómo es posible?

No recuerdo si te amé o no

No recuerdo nada.

Mi cerebro hace aguas,

Se anestesia de presente,

De seguridad, de mi ser

Que descubre indiferente

Que es feliz así,

Más que antes, quizá más que ayer

¡Qué tranquilidad!, ¿cómo es posible?

Y si no te quiero y no recuerdo,

¿Por qué escribo?

Ah, sí, es para borrar

Con este lápiz el rastro

De una historia que

con este punto termina.

Foto: Marie O.

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Mi palabra

roma_1 008Arranco una piedra de tu hombro
Para poderla llevar yo, en la espalda.
Giro los picaportes
para abrirlos al mañana.

Congelo el horizonte
en una fotografía fija
desoída del mundo.
Nuestra.

Enhebro el pasado con el futuro
sin desoír el presente.
Cavo los tumbos de los pasos
Pasados.

Desacelero el ritmo por no hacer daño,
pero rompo la tumba sobre la palabra
pero giro el porvenir,
lo vagabundeo con sales de baño,
Lo ahogo cuando quiere resistir.

Enciende la vela sobre nuestros huesos.
Ilumina el ahora con un mañana.
Hecho del ayer es posible.

Foto: Marie O. 

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