Ellos

yo
No éramos nosotros
Eran ellos.

Nos mirábamos a través
de los vasos de cerveza
y veíamos cabezas borradoras
Señales de mierda y frío.

No éramos nosotros
Eran ellos
Y tejimos en el bar
Una conversación a voces
De peleas de sapos
Y princesas pordioseras.

No éramos nosotros
Eran ellos quienes dirigían
Nuestras manos bajo la mesa
En las cenas con padres
que no teníamos y nunca tendremos

No éramos nosotros
Eran ellos
Los que nos hicieron firmar
El finiquito de la ilusión
Los que rompieron
la nómina de la esperanza
los que señalaron con el dedo
Al vecino
Al amigo
Al compañero.

No éramos nosotros
Eran ellos los que cavaron
La tumba de un destino soñado
Aquel que veíamos tumbados
En el césped mientras tú contabas
Mis nubes en el cielo

No éramos nosotros era ellos
Los que rompieron las estrellas
Que se colaban por las paredes
De nuestra habitación cuando éramos niños

No éramos nosotros
Eran ellos
Los que nos colgaron al cuello
un termómetro de minuteros
cual cencerro.

No éramos nosotros
Fueron ellos
Quienes asfixiaron
El papel pintado por donde se escapaba
La imaginación,
¿la recuerdas?
Libre, cómoda, nuestra, propia
Hecha de yoes y túes
Serpenteando por páginas
De literatura en esquinas
De camas propias y ajenas.

¿Cuántos libros leímos?
¿A cuántos capitanes de barco quisimos?
¿Dime?
¿Pero dónde queda la ilusión de la imaginación del sueño?
¡Ah, sí!,
En la nómina del finiquito
del contrato hipotecario que firmaste con tu vida.

Pienso

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Pienso en el tiempo que nos queda por vivir,
en que todo será posible.
Pienso en la tetera en el fuego,
en el gato en la ventana,
en las alfombras rotas.

Pienso en el frío suelo,
en tu brazo en mi cintura,
en tus abrazos muertos.

Pienso en tu madre en la cocina,
en los cuchillos blandiendo el pan,
en las miradas de tus amigos
Pienso en festivales de música,
en colas en los baños,
en rayas en el bidet.

Pienso en tu rostro en el mío,
en los puñetazos en la mesa,
en las copas a la una.

Pienso en las paellas abortadas,
en el peso de tus pasos,
en la música en tu plato.

Pienso en el tiempo desperdiciado,
en las caricias entregadas,
en el suelo y en la estufa.

Pienso en tus miradas asesinas,
en la alergia de mis gatos,
en tu dolor de tripa.

Pienso en tus labios, en tu barba y en tus chillidos.
Pienso en follar contigo en la nieve,
en tumbar muros, en las tardes en tu terraza.

Pienso en mi equivocación,
pienso en la pérdida,
pienso en mi desorientación.

Pienso en tu mano en su cintura,
en vuestros abrazos vivos,
En su madre en tu cocina,
en las cucharas sorbiendo sopa,
en las sonrisas de tus amigos,
En tardes de cine y rosas,
en cenas con tres postres,
en su cuerpo sobre el tuyo,
en vuestras caricias cálidas.

Pienso y muero de tanto pensar.

Punto


No te quiero

Y ahora que lo pienso,

No sé si te quise,

No lo recuerdo

El silencio se ha instalado en la neurona,

La neurona que guarda

la algarabía del encuentro,

Ese que no recuerdo.

No lloro, ¿tal vez debería?

No recuerdo, no lloro, no amo;

¿Pero acaso te amé alguna vez?

Sí, ¿verdad?

Pero a aquel de antes

también lo amaría,

¿Entonces cómo es posible?

No recuerdo si te amé o no

No recuerdo nada.

Mi cerebro hace aguas,

Se anestesia de presente,

De seguridad, de mi ser

Que descubre indiferente

Que es feliz así,

Más que antes, quizá más que ayer

¡Qué tranquilidad!, ¿cómo es posible?

Y si no te quiero y no recuerdo,

¿Por qué escribo?

Ah, sí, es para borrar

Con este lápiz el rastro

De una historia que

con este punto termina.

Foto: Marie O.

roma_1 008Arranco una piedra de tu hombro
Para poderla llevar yo, en la espalda.
Giro los picaportes
para abrirlos al mañana.

Congelo el horizonte
en una fotografía fija
desoída del mundo.
Nuestra.

Enhebro el pasado con el futuro
sin desoír el presente.
Cavo los tumbos de los pasos
Pasados.

Desacelero el ritmo por no hacer daño,
pero rompo la tumba sobre la palabra
pero giro el porvenir,
lo vagabundeo con sales de baño,
Lo ahogo cuando quiere resistir.

Enciende la vela sobre nuestros huesos.
Ilumina el ahora con un mañana.
Hecho del ayer es posible.

Foto: Marie O. 

A Bonnie

Este poema lo escribí a los pocos días de morir tú, Bonnie. Sin pensar en nada. Lo releo y sé que huele a ti. IMG_2403.JPGSe rompen los jugos de la ira
De las trompas de gas
Carcomen heridas inocentes
–Un maullido herido
Un ojo roto–.

Se desatan las furias inhibidas,
nadie rompe el giro espectacular de la voz,
nada las rellena tanto como el odio.

Ella ya no está,
ha partido en un lejano camino,
hambriento de pus y sangre,
con las entrañas revueltas,
con el sombrero vacío
del derecho enternecido.
No hay chistera más grande que la vida
Que esta broma de dolor hecha de lluvia inhumana.

Foto: Marie O. 

Domingo

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La angustia es inclemente
y ve cómo se va acercando
el reloj al final del día.

La angustia es soberana
de pueblos y ranas,
de príncipes y mazmorras.

Es la culebra que ciega a los niños en los parques
con la garganta quebrada en voces de troncos sin vida.

La angustia culebrea cuando se agotan las horas del ocio.
¡Levántate ante el patrón!
¡Desciende por el trayecto de fango!
Con los intereses del mediodía,
el banco en la suela
y el seguro en la vía.

La angustia te atrapa
no quedan horas,
el domingo se va.
el domingo se ha ido.
No era tuyo el domingo,
¿no lo ves?