El miedo

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No sé quién soy
No tengo vida
He encontrado postes equidistantes
Desde mí hacia ella
Quiero marchar
Pero no encuentro la huida
La gran escapada de mí hacia mí

Enredaderas de fango en el camino hacia los ojos
Las manos tendidas en un laberinto de puños
Dan coces contra mi barriga
Tengo miedo del daño no correspondido
De la ducha abierta que no congela
De las miradas de los otros

Me escondo y huyo al centro de la cama
A la alcoba del pasado

Si estoy enferma, esta enfermedad trepa por mi cabeza
Se abre en el vientre y culebrea de porvenir
Son ristras supurando carne
Hechas de adioses infatigables.

Lo percibo venir hacia a mí
Con el pelo hundido en tristeza
Teñido de lodo
Tendiendo un puente a lo sucedido
Entre los dos hace ya carreteras y postes

Echo de menos la nada
La perseguible apariencia de existencia
Ese capullo que se abría enorme
Y despegaba entusiasmado desde el centro del pecho
Al extrarradio de la galaxia

Echo de menos su volátil expansión
Esas carreras de ilusión hechas esporas en mi carne
Trepando honestas por el vello erizado
Volverán, yo sé que volverán
Ya las veo mientras paseo sola en la bicicleta
Con el brazo abierto al aire
Con el corazón desatado al porvenir.

Las rozo cuando me besas
Cuando te oigo plañendo teclas dentro de mí
Las bebo cuando me corro
Pero duran tan poco esos instantes
Y luego regreso a la negritud del pozo
Cerrado y húmedo
Fangoso y frío
Y ahí me quedo remendando el que dirán
Lo que fui
Lo que dicen que fui
Cuanto dicen que hice
Ahí me quedo deshojando culpas
En un velorio de mi persona
Desatando postes, uniéndolos más a mí.
Y el centro del túnel se cierne y traga mi rostro
Y me arrastra dentro y no me deja gritar
Y una mano caliente me quema el pelo
Me sumerge en la herida
Me ahoga en el miedo
Y se abre la costra y me congela dentro
Convirtiéndome en un mar de tripas
Revueltas.
Y entonces, solo entonces,
vuelvo a saber lo que es el miedo.

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Mi yo triste, Alejandra

Es un mapa fluido de voces
las prisas de esta ristra risible
La ves pecar sobre tu cuerpo amargo
Tu cuerpo antilíbido, Alejandra
La ves zarpando del sur al este
y del norte al oeste, Alejandra
La oyes sucumbir a tu voz de enferma
Inversa al trapo de tus músculos laxos
Tus venas acuosas
Tu estómago de sangre
Te atrapa con las coces de una culebra
Trepa por el coño
Como lo hacía antaño
Estás libre de toda hostia
Inabarcable por el crucifijo
Intocable en el púlpito
Con la regla en el muslo
Y un rosario por susto
Las tripas esponjosas se señalan
las unas a las otras
Las quieres, Alejandra
Arañazos en tu interior
En las entrañas de Saturno
Que se devora a sí mismo
Sobre un pecho despojado,
Abierto en abismos.

Te miras por dentro, Alejandra
Ves las rocas de la inmundicia
La montaña huracanada
de tus emociones funestas
Cuántas veces crees
haber muerto, Alejandra?
Cuántas veces has muerto?
Ninguna, Alejandra
Aquí sigues, mi bichito enfermo
Mi pequeña trufa endiablada
Mi sobretodo sentimental
Mi paracaídas ruinoso
Mi veleta capitana
Mi yo triste

No me dejan beber

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No me dejan beber
Porque mi salud es como una hamaca
Se acuesta a respirar sobre un estómago de lava.

No me dejan beber
Porque mi cabeza se deforma
Y oye orejas de cuchicheos, insultos de media noche.

No me dejan beber porque mi mundo de irrealidad
Dibuja una salud de roble mientras mis tripas de alquitrán
Convierten el vino en sangre.

No me dejan beber,
Y yo recuerdo la gota de Baco,
Su intenso repicar sobre la piel escamada,
El zigzagueante río que traza sobre el pecho,
La coral lentitud con la que se arrastra por mis senos
Y el ahogo final sobre las aureolas
Exprimidas durante horas
En un baile del instante
que acomete a los cobardes
Los sumerge en mi distancia
Con el aullido y el alarido
Intenso
indefenso
dentro del yo
que ruge agónico por una gotita
Una gotita más
Una botita más.

Y el tiovivo de cabezas locas
en nubes de caracolas
en espejos de sueños
con el sol tejiendo versos
sobre la lengua esbozada.
Y las piernas desatadas
correteando por el musgo
del amor,
encontrándose en el choque de cuerpos
Y el vino cayendo lento
entre las almas que no rozan
entre el ayer y el ahora.

No me dejan beber
Y yo me descoloro
En rojo y en azul
En el corazón de cloro

Y no encuentro el tobogán
El tiovivo de la vida
No encuentro la curva enhiesta
Paralela a la alegría giratoria del día

Y no encuentro
el beso intenso
el sabor a pegamento
la caricia transparente

No me dejan beber
Y se entrelazan las juntas de las paredes
Me ahogan
Me penetran
Se me clavan las horas
No encuentro su final
La salida del ahora
Y culebreo por el devenir
Buscando una salida
Que no siento.

Foto: Carlos Valladolid. 

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No estoy

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Me preguntáis cómo estoy
Pues mal, ¿cómo voy a estar?
Y no tiene nada que ver con la enfermedad
Tiene que ver con estar.
¿Cómo voy a estar si hay que estar?

Vosotros no lo entendéis
Con vuestros hijos y vuestros nietos
Con vuestros padres y vuestros hermanos.

¿Pero cómo voy a estar si no estoy?
Con las tiendas, los coches,
Con las aceras, los postes,
Con los pisos y los desahucios,
Con el trabajo y con la nómina,
¿Cómo voy a estar si no estoy?
Si yo no soy
Si no estoy.
No lo entendéis, ¿verdad?

Las tuberías de los arcos
Se pintan debajo de vuestros pies
¿No las veis?
Pues yo sí
Y duelen.

El padre que lleva a su hija corriendo por las avenidas
En su volvo reluciente, lavado ayer
En su silencio.
Eso también duele.

Y la chica en frente de mí,
En el metro
Con el móvil en la frente
Girando me gustas con el dedo meñique
Atrapada como yo, como todos.
Eso también duele.

O aquella, que sube sola la rambla,
Un domingo por la tarde
Con el tendido eléctrico mirándola fijamente.
Eso también duele.

Cómo voy a estar
Si no estoy
Y si pudiera estar no estaría.
¿No me veis?
Estoy en las tuberías de los arcos,
En el volvo reluciente, lavado ayer.
En el móvil en la frente,
En el tendido eléctrico,
¿No me veis?
Yo tampoco.

¿Por qué quiero los alacranes de su cuerpo?
No lo sé.
¿Por qué me empeño en exigir un ajuste al mecánico?
¡Que le reparen los frenos, por favor!
Una operación al cirujano
¡Que le cambien el corazón, por favor!
Un encargo al camello
¡Que no la engañen, por favor!
Si por el vestigio de sus ojos ya se cuela la certidumbre.
Si por el lamento del orificio,
si por el peligro del artificio,
si por el camino del precipicio
si por los condicionantes que me escriben,
ni siquiera en ellos, estoy.

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Foto: Jacobo Biarnes. 

Mi soledad alada

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No entiendo por qué tira
precipicios la soledad
Escandalosa litera sucia y triste
Por qué se mancha de deseo
De infancia de niñas deseadas
De niñas trastornadas
Por qué se enfurece mi soledad alada
Por qué huye de esquina en esquina
Por qué me solivianta
mi soledad escapada

Te necesito entera,
No a cromos coleccionables de adioses
Te necesito sincera
Conmigo en la cama
Con mi soledad de coces.
Sueño contigo
Sueño vestido
Con la soledad.

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